
Una parte importante de la historia de nuestro pueblo se la debemos a las huertas. De la misma forma que el futuro de las huertas está unido al de Palma.
Se cree que fueron los árabes los que introdujeron los naranjos en la vega del Guadalquivir. De las primeras apariciones documentales está el catastro del Marqués de la Ensenada del siglo XVIII, en el siglo XIX es en la Corografía de Ramírez y las Casas Deza, donde se dice: “Hay trece pagos de huerta situados a la orilla del río Genil con cuyas aguas se riegan sacándola por medio de 40 azudas y norias movidas por la mismas aguas y están situadas de oriente a poniente desde que entra en el término de la villa hasta que desemboca en el Guadalquivir a cuarto de legua de la población. Son las huertas 516 pobladas en su mayor parte de naranjales.
En 1864 Mauryce Aymard describía los regadíos de esta zona del Guadalquivir idénticos a los registrados en la Edad Media.
También en esas fechas se citan en el Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) al referirse a Palma del Río diciendo “el terreno es de buena calidad, bañándolo el río Genil y el Guadalquivir; sobre el primero hay un puente de madera y sus aguas sirven para regar 13 pagos de huertas”.
En 1945 las huertas de naranjas ocupaban una extensión de 353 Ha. Hoy 2008 son unas 1.000 Ha. de huerta tradicional.
Las huertas a lo largo de estos siglos han generado el paisaje de la Palma de hoy. La reconocible, la imagen de una ciudad. También sus gentes, somos parte de esta experiencia colectiva que ha conformado nuestra identidad como pueblo, en torno a esas huertas. Siempre en manos de pequeños propietarios.
El ecosistema
Un paisaje auténtico es garantía de futuro y las huertas de Palma han creado un ecosistema característico acompañando al bosque de ribera. La vegetación abundante y en muchas ocasiones colaboradora de los cultivos, es tanto la anual como la perenne. Si hay que citar alguna planta silvestre asociada a las huertas de naranjas, esa es “los canarios”, como se la conoce entre nosotros. Servían y siguen sirviendo de colchón a las naranjas, crecen formando una manta debajo de los naranjos. Los hortelanos dicen que cuántos más canarios hay en una huerta menos ataca el “Vivo”.
El bosque de ribera, el medio urbano y las huertas acogen a una fauna peculiar formada por más de 50 especies de aves, las cigüeñas, mochuelos, autillos, garzas reales, garcillas bueyeras y sin olvidarnos del mirlo, los gorriones, el verdecillo, etc.
No queremos pasar por alto la importante contribución de las huertas en la reducción de CO2 y de los efectos de la erosión en las riberas de los ríos.

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Para los primeros cofrades, ofrecemos un buen articulo que creo disfrutarán, esta escrito por Cristino Álvarez, que bajo el seudónimo de Caius Apicius publica excelentes crónicas gastronomitas para la agencia Efe.